Hace 42 años perdimos a un hombre que dedicó su propia vida a luchar por los pueblos, José María Arguedas, lo perdimos en carne y hueso, sin embargo, sus escritos, sus ideas, rebeldía y causas quedarán impregnadas en la historia de cada uno de los rincones del Perú.
Mientras algunos se dedicaban a estudiar cómo es que la cultura criolla absorbía a la quechua, Arguedas decidió mirarlo todo desde otra perspectiva: cómo influía aquella cultura rica en arte podía influir a la cultura de los blancos.
Sin duda alguna, ellos -los blancos- eran para Arguedas el mayor problema del indio. Buscaban oprimirlos, aislarlos, y eliminar cualquier rezago de esa cultura tan rica como la indígena, con sus mitos, costumbres, danzas y comidas. Este escritor andahuaylino pudo darse cuenta de este gran problema no solo por haberlo visto, sino también por haberlo vivido en carne propia. Él, a mucha honra, capturó la cultura quechua y la acopló a la que él conocía, sin que ninguna perjudicara a la otra.
De ahí nace su mayor anhelo, el socialismo mágico, que intenta sentar las bases para una libre creación y conservación de arte, así como de libertad y equidad entre sus razas. Arguedas agradece el premio Inca Garcilaso de la Vega, porque se le fue otorgado en respuesta a aquel gran trabajo que le otorgó un gran valor a la ampliación y preservación de su cultura, así como la asimilación del arte de otras culturas, sin alienarse ni alienar. Y de ahí que sus pueblos ganan la fuerza para no dejarse vencer y seguir con esa inspiración creadora que los caracteriza.
Eso es lo que le falta al Perú, poder soldar aquella grieta que nos divide y enfrenta. En eso consiste la democracia que tanto buscamos, en poder reunir en paz a todo el interior del Perú para poder mostrarle al mundo todo lo que hemos construido en tantos años de historia, las habilidades que hemos heredado de nuestros ancestros y que todos ellos deberían envidiar y querer imitar. En el Perú, hace falta un cambio económico, político y social que abra los ojos de aquellos que buscan aculturarse y los haga sentirse orgullosos de su historia.